Durante todo el proyecto de CUENTOS CLÁSICOS realizamos los siguientes pasos para llegar a lo que publicaremos a continuación:
PASOS DEL TRABAJO
Vimos el video "Los tres chanchitos" de Disney.
En grupos, renarramos la historia.
Revisamos en distintos pasos, la escritura de ideas claras, el uso de mayúscula, el uso conectores, los recursos de cohesión para no repetir, la ortografía de palabras comunes , verbos en pasado , la puntuación y la organización en párrafos.
Los pasamos a un archivo word en la sala de computación.
Un grupo leyó la producción de otro y le hizo sugerencias para una nueva revisión.
Puesta en común en la clase con proyector.
Elección de una de las producciones grupales para comenzar el armado del cuento digital (la más adecuada para los chicos de primer grado).
Definimos la secuencia narrativa para comenzar a ilustrar cada uno de los núcleos narrativos.
Edición en power point del libro uniendo ilustraciones y texto.
Este cortometraje, llamado "El circo de la mariposa" cuenta la historia de un joven llamado Will que nació sin extremidades y trabaja en un circo de rarezas. Allí sufría burlas y maltratos por parte de los visitantes.
Un día, lo visitó un director de otro circo, en donde las personas mostraban sus virtudes y habilidades pese a sus problemas físicos o características diferentes.
Entonces, él huye y encuentra en ese lugar su nuevo hogar, donde ayudarán a encontra su poder y el camino para ser feliz.
Era un perro bravo. Y encima de mal genio. Arrebatado. No toleraba que se lo llevaran por delante. Y cuando estaba furioso se enceguecía y no reculaba ni ante quien viniera degollando. Aquel día estaba particularmente irritable. Dormía su siesta bajo uno de los grandes paraísos del patio y el viento norte y las moscas no lo habían dejado en paz ni un ratito. Hubiera sido mejor evitarlo. Pero el pobre gato ni se dio cuenta. Corrido por los cuzcos a los que había querido discutirles un hueso, en su carrera pasó por encima del cuerpo tendido del gran can. Y que un miserable gato le pasara por encima era algo que nunca lo hubiera tolerado el perro. Pero aquel día la cosa fue como para sacarlo literalmente de quicio.
De un salto se puso de pié y salió como cañonazo detrás del michifuz. Ambos animales cruzaron el patio, ardiente por el sol del mediodía, como dos bólidos, y entre gambetas y curvas enderezaron hacia el casco de la estancia. Arañando las baldosas de la galería el gato sintió que estaba perdido, y jugándose el todo por el todo entró en la primera habitación que encontró abierta. Era la del gran salón de la casa. En cuatro saltos nuestro animalito ganó altura y se refugió encima de un gran ropero cuya puerta era un enorme espejo bruñido.
El mastín tuvo que detener su carrera afirmando las cuatro garras sobre la alfombra en una tremenda resbalada que lo llevó a sofrenarse a pocos centímetros de la puerta espejo del ropero. Y lo que tuvo delante lo descontroló del todo. Frente suyo, casi rozándole el hocico se encontró con otro enorme perro, furioso como él, con los ojos echando fuego y aparentemente decidido a no retroceder ni un milímetro. Le lanzó un ladrido como para aterrorizar hasta a una fiera, y el otro animal le contestó simultáneamente con la misma ferocidad, mostrándole los dientes y haciéndole sentir su aliento enfurecido en sus mismas narices.
Aquello ya era demasiado. Olvidándose del gato que fuera motivo primero de aquella tragedia, el perro de nuestro cuento sintió que allí se jugaba todo su prestigio. De allí no se podía salir sino era matando o muriendo. Retrocedió un poco como para ir tomando impulso, aunque estaba decidido a no ceder ni una pulgada de terreno. Y vio que su contrincante hacía lo mismo y con idénticas intenciones. Cada gesto de furia era por lo menos igualado por aquel maldito opositor que vaya a saber de donde habría salido. Porque nunca se le había visto por aquellos pagos, donde nuestro can era señor indiscutido, y a quien jamás nadie había hecho frente con suerte favorable.
El salto fue tremendo y simultaneo. En aquel enorme salón el encontronazo entre el perro y el gran espejo resonó con un estampido de vidrios rotos. La imagen del animal se hizo añicos junto con el cristal y entre sus pedazos se desangró degollado el perro de verdad. Sin saberlo, se había asesinado contra su propia imagen reflejada en aquel mueble.
Uno piensa que distinto hubiera terminado todo si nuestro animal hubiese tomado las cosas con más calma. Si se hubiera dado cuenta de que su furia al cambiarse en tranquilidad habría conseguido tener frente a él a un amigo que le hacía fiestas moviendo la cola, exactamente como el se las hacía. Pero los bichos cuando están furiosos pierden la objetividad.
Nuestro país está repleto de buenas ideas y grandes personas. Te proponemos que investigues sobre un invento argentino, reconocido a nivel mundial, y a partir del 5 de mayo envíes tu investigación para traajar en clase por mail a: